{"id":1596,"date":"2017-11-06T00:00:00","date_gmt":"2017-11-06T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.namb.net\/apologetics\/resource\/el-punto-azul-palido-otra-vez-2\/"},"modified":"2020-06-21T21:26:20","modified_gmt":"2020-06-22T01:26:20","slug":"el-punto-azul-palido-otra-vez","status":"publish","type":"resource","link":"https:\/\/www.namb.net\/apologetics\/resource\/el-punto-azul-palido-otra-vez\/","title":{"rendered":"El punto azul p\u00e1lido otra vez"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Jay W. Richards y Guillermo Gonz&aacute;lez<\/em>&nbsp;<\/p>\n<p>Un tema recurrente en el libro <em>Pale Blue Dot<\/em> [Un Punto Azul P&aacute;lido] publicado en 1994 por Carl Sagan, es que somos insignificantes en el esquema c&oacute;smico. En un pasaje memorable, Sagan empuja este argumento al reflexionar sobre una fotograf&iacute;a de la tierra tomada en 1990 por el Voyager 1 desde una distancia de unos 6,500 millones de kil&oacute;metros. Escribe:<\/p>\n<p>Debido al reflejo de la luz solar&#8230; la tierra parece estar asentada sobre un rayo de luz, como si hubiera alg&uacute;n significado especial en este peque&ntilde;o mundo. Pero es solamente un accidente de la geometr&iacute;a y la &oacute;ptica&#8230; Nuestras poses, el sentido exagerado de nuestra propia importancia, la vana ilusi&oacute;n de que tenemos una posici&oacute;n privilegiada en el universo, son desafiados por este opaco punto de luz. Nuestro planeta es una manchita solitaria en la gran negrura c&oacute;smica que lo rodea. En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay ninguna se&ntilde;al de que alguien pueda venir a salvarnos de nosotros mismos.<\/p>\n<p>Tal vez piense que Sagan ten&iacute;a una personalidad exc&eacute;ntrica y melanc&oacute;lica. Sin embargo, esta cantaleta expresa una idea muy popular entre los cient&iacute;ficos modernos, y conocida como el principio copernicano. Los defensores de este principio rastrean su historia hasta el personaje del que tom&oacute; el nombre: Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico (m. 1543). Seg&uacute;n la creencia popular, Cop&eacute;rnico nos degrad&oacute; al demostrar que nuestro universo estaba centrado en el sol, y que la tierra daba vueltas alrededor de &eacute;l, como los dem&aacute;s planetas, a la vez que giraba sobre su propio eje. As&iacute; fuimos desplazados del centro y, por lo tanto, se nos rest&oacute; importancia. Los cient&iacute;ficos desde Cop&eacute;rnico siempre han reforzado esta idea de nuestra destituci&oacute;n. Por lo menos, eso es lo que se cuenta.<\/p>\n<p>Abra pr&aacute;cticamente cualquier libro de introducci&oacute;n a la astronom&iacute;a y encontrar&aacute; alguna versi&oacute;n de esta historia. S&oacute;lo hay un problema, y es decisivo: es falsa. Los historiadores de la ciencia han protestado durante d&eacute;cadas contra esta descripci&oacute;n del desarrollo de la ciencia; pero hasta ahora, sus protestas no han llegado a o&iacute;dos de las masas ni de los escritores de libros de texto.<\/p>\n<p>La verdadera historia es mucho m&aacute;s sutil. Por razones de espacio, s&oacute;lo la esbozaremos. La cosmolog&iacute;a anterior a Cop&eacute;rnico era una combinaci&oacute;n de la visi&oacute;n f&iacute;sica y metaf&iacute;sica del fil&oacute;sofo griego Arist&oacute;teles (384-322 a.C.), y las observaciones y modelos matem&aacute;ticos de Ptolomeo (aprox. 100-175 d.C.) y otros astr&oacute;nomos. El universo que ellos imaginaban era un conjunto de esferas conc&eacute;ntricas que rodeaban nuestro globo terrestre (un modelo que explicaba muy bien muchos de los fen&oacute;menos astron&oacute;micos en la era anterior al telescopio). Se cre&iacute;a que las esferas cristalinas se conectaban de forma que el movimiento de la esfera estelar exterior de las estrellas mov&iacute;a las esferas interiores que alojaban a los planetas, el sol y la luna. Este modelo ordenaba el movimiento de este a oeste del sol y la luna, la esfera celestial que rodeaba a los polos celestes, y las desconcertantes trayectorias irregulares de los planetas conocidos.<\/p>\n<p>Aunque parezca ingenua a las mentes modernas, esta cosmolog&iacute;a anterior a Cop&eacute;rnico sobresal&iacute;a entre otras debido que explicaba lo observado en los cielos cuando se intentaba discernir la estructura del cosmos. En este sentido, reflejaba una virtud cient&iacute;fica, a saber, una apertura a la observaci&oacute;n desde el mundo natural.<\/p>\n<p>Esta visi&oacute;n ten&iacute;a a su favor la colaboraci&oacute;n del sentido com&uacute;n en la observaci&oacute;n del aparente movimiento de los cielos, la aparente estabilidad de la tierra misma y varios argumentos plausibles m&aacute;s. Por ejemplo, si la tierra se moviera, era l&oacute;gico esperar la aparici&oacute;n de un fuerte viento del este, y si se disparara una flecha directamente hacia arriba, &eacute;sta deb&iacute;a caer al oeste del arquero.<\/p>\n<p>Contrariamente a la creencia popular, ni Arist&oacute;teles ni Ptolomeo pensaban que la tierra fuera una gran parte del universo. Arist&oacute;teles la consideraba de &#8220;no gran tama&ntilde;o&#8221; comparada con las esferas celestes. En su obra maestra llamada <em>Almagesto<\/em>, Ptolomeo dice: &#8220;la tierra tiene un radio de un punto con respecto a los cielos&#8221;. Ambos fil&oacute;sofos llegaron a esta conclusi&oacute;n debido a las observaciones de la relaci&oacute;n de la tierra con las estrellas, a partir de donde supusieron que la esfera estelar era una enorme distancia desde la tierra. En su obra <em>De Revolucionibus<\/em>, Cop&eacute;rnico se bas&oacute; en esta suposici&oacute;n compartida para presentar uno de sus argumentos a favor de la rotaci&oacute;n de la tierra: &#8220;&iexcl;Qu&eacute; sorprendente ser&iacute;a si dentro del lapso de 24 horas el vasto universo girar&aacute; en lugar de que lo hiciera su punto m&iacute;nimo!&#8221;<\/p>\n<p>Adem&aacute;s es importante se&ntilde;alar que el &#8220;centro&#8221; del universo no era m&aacute;s honor&iacute;fico de lo que para nosotros hoy pudiera ser el centro de la tierra. Ciertamente, no se pensaba que la tierra estuviera asentada en el centro del Cielo. Todo lo contrario. El dominio sublunar era la parte mutable, corruptible, vil y pesada del cosmos. Se cre&iacute;a que las cosas ca&iacute;an a la tierra debido a su peso. La tierra misma era considerada el &#8220;centro&#8221; del cosmos debido a su peso. Por lo que la interpretaci&oacute;n moderna del geocentrismo es contraria a su significado real. Usando el sentido contempor&aacute;neo de las palabras: en la cosmolog&iacute;a previa a Cop&eacute;rnico la tierra era el &#8220;fondo&#8221; del universo, m&aacute;s que el &#8220;centro&#8221;.<\/p>\n<p>En contraste, los aristotelianos cre&iacute;an que los cielos eran inmutables por su regularidad y composici&oacute;n. Mientras que las regiones sublunares estaban compuestas de cuatro elementos mutables (tierra, agua, aire y fuego), los cielos estaban compuestos de un &#8220;quinto elemento&#8221; llamado &#8220;quintaesencia&#8221; o &eacute;ter. Los cuerpos celestes eran perfectamente esf&eacute;ricos y se mov&iacute;an en c&iacute;rculos, contribuyendo a la perfecci&oacute;n. De ah&iacute; se desprendi&oacute; la creencia de que las leyes que gobernaban los reinos celestes eran muy diferentes y superiores a las leyes que gobernaban las regiones sublunares.<\/p>\n<p>En la edad media, cuando se agreg&oacute; la teolog&iacute;a cristiana a esta mezcla, el centro o fondo del universo se convirti&oacute;, casi literalmente, en <em>el infierno<\/em>. <em>La Divina Comedia de Dante<\/em> inmortaliz&oacute; esta visi&oacute;n sacando al lector de la superficie de la tierra y haci&eacute;ndolo cruzar los nueve c&iacute;rculos del infierno, que reflejaban, y por lo tanto invert&iacute;an, las nueve esferas celestes que se encontraban arriba. El hombre, compuesto de tierra y esp&iacute;ritu, ocupaba un estado intermedio donde &eacute;l era una especie de microcosmos. Pod&iacute;a ascender al reino celestial o descender al reino del mal, la muerte y la descomposici&oacute;n. Otros seres puramente espirituales poblaban la realidad creada m&aacute;s extensa, y Dios moraba &#8220;sobre&#8221; la esfera &#8220;empireana&#8221; exterior como Impulsor No Impulsado de todas las cosas.<\/p>\n<p>Hablando en t&eacute;rminos metaf&iacute;sicos, en el esquema anterior la realidad estaba centrada en Dios, no centrada en el hombre. Agust&iacute;n de Hipona dec&iacute;a que Dios no cre&oacute; el mundo &#8220;para el hombre&#8221;, ni por una necesidad compulsiva, sino simplemente &#8220;porque as&iacute; lo quiso&#8221;. Entonces, es falso decir que los precopernicanos daban a la tierra y a los seres humanos un lugar preponderante, y que Cop&eacute;rnico nos releg&oacute; al patio trasero.<\/p>\n<p>As&iacute; que, lejos de pensar que el nuevo esquema degradaba a la tierra, Cop&eacute;rnico, Galileo y Kepler pensaban que la exaltaba. El particular, Galileo defendi&oacute; la noci&oacute;n del &#8220;brillo de la tierra&#8221;, diciendo que la tierra reflejaba la luz y gloria del sol con m&aacute;s perfecci&oacute;n que la luna. Pensaba que su idea sacaba a la tierra del lugar deshonroso que ocupaba en el universo aristoteliano y la colocaba en los cielos. En su obra <em>Sidereus Nuncius<\/em>, Galileo argumenta:<\/p>\n<p>Aparecer&aacute;n muchos argumentos que demuestren el fuerte reflejo de la luz solar por parte de la tierra (esto es para beneficio de aquellos que aseguran, apoyados principalmente en la idea de que no tiene movimiento ni luz, que la tierra debe ser excluida de la danza de las estrellas. Porque yo demostrar&eacute; que la tierra s&iacute; tiene movimiento, que sobrepasa a la luna en brillantez, y que no es el sumidero donde se junta la inmundicia del universo.<\/p>\n<p>La centralidad de la tierra en la cosmolog&iacute;a precopernicana significaba algo totalmente diferente a lo que nos dicen los libros de texto en donde hemos aprendido. No hay ni una sola inferencia que relacione la ubicaci&oacute;n central con un grado de importancia superior; ser&iacute;a como si una persona de nuestros d&iacute;as considerara el centro de la tierra como el lugar ideal. El geocentrismo no implicaba antropocentrismo. Dennis Danielson&nbsp;escribi&oacute; un excelente ensayo llamado &#8220;The Great Copernican Clich&eacute;&#8221; [El gran clich&eacute; copernicano] (<em>American Journal of Physics<\/em> [Diario Estadounidense de F&iacute;sica], octubre de 2001), que da muerte a la mitolog&iacute;a en torno a la revoluci&oacute;n copernicana. Ah&iacute; escribe: &#8220;el gran clich&eacute; copernicano esta basado en una ecuaci&oacute;n poco cr&iacute;tica entre <em>geo<\/em>centrismo y <em>antro<\/em>pocentrismo&#8221;. La desaprobaci&oacute;n de uno de los dos o de ambos no refutaba autom&aacute;ticamente la existencia del prop&oacute;sito o dise&ntilde;o en la naturaleza.<\/p>\n<p>La historia oficial da la falsa impresi&oacute;n de que Cop&eacute;rnico inici&oacute; la tendencia de eliminar a la tierra del &#8220;centro&#8221; del universo, lo que condujo final, l&oacute;gica e inevitablemente a establecer cient&iacute;ficamente nuestra insignificancia. Ma&ntilde;osamente, transform&oacute; una serie de descubrimientos metaf&iacute;sicamente ambiguos en la metanarrativa del materialismo. Ninguno de estos hechos hist&oacute;ricos contesta la pregunta, m&aacute;s importante a&uacute;n, de cu&aacute;l es nuestra importancia en el esquema del universo. Pero es bueno recordar que el materialismo no tiene el pedigr&iacute; hist&oacute;rico y cient&iacute;fico reclamado por sus defensores.<\/p>\n<p><strong>Guillermo Gonz&aacute;lez<\/strong> es profesor adjunto de astronom&iacute;a en la Universidad del Estado de Iowa. Recibi&oacute; su doctorado en astronom&iacute;a en 1993 por parte de la Universidad de Washington, y ha hecho estudios posdoctorales en la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Washington. Es autor de m&aacute;s de 60 documentos cient&iacute;ficos revisados por colegas. En 2004 fue coautor, con Jay W. Richards, de <em>The Priviledged Planet: How our place in the cosmos is designed for discovery<\/em> [El Planeta Privilegiado: C&oacute;mo nuestra ubicaci&oacute;n en el cosmos esta dise&ntilde;ada para favorecer los descubrimientos] (Washington D.C.: Regnery Publishers). Su libro m&aacute;s reciente, con D. Scott Birney y David Oesper, es la segunda edici&oacute;n del libro de texto para nivel licenciatura <em>Observational Astronomy<\/em> [Astronom&iacute;a Observacional] (Cambridge: Cambridge University Press).<\/p>\n<p><strong>Jay W. Richards<\/strong> es miembro investigador y director de relaciones institucionales del Instituto Acton en Grand Rapids, Michigan. Tiene un doctorado en filosof&iacute;a y teolog&iacute;a por parte del Seminario Teol&oacute;gico Princeton, donde anteriormente form&oacute; parte del cuerpo de maestros. Es autor de muchos art&iacute;culos acad&eacute;micos y populares, as&iacute; como de varios libros. Sus libros m&aacute;s reciente son <em>The Untamed God: A Philosophical Exploration of Divine Perfection, Immutability and Simplicity<\/em> [El Dios Ind&oacute;mito: Una Exploraci&oacute;n Filos&oacute;fica de la Perfecci&oacute;n, Inmutabilidad y Sencillez Divinas] (Intervarsity Press, 2003) y <em>The Priviledged Planet: How our place in the cosmos is designed for discovery<\/em> [El Planeta Privilegiado: C&oacute;mo nuestra ubicaci&oacute;n en el cosmos esta dise&ntilde;ada para favorecer los descubrimientos] (Washington D.C.: Regnery Publishers 2004).<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jay W. 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