Cinco lecciones ministeriales desde el interior de un pez

By Montra Weaver

POR MONTRA WEAVER

Jonás era un profeta reacio. Recibió una clara misión de Dios, pero intentó escapar del llamado. Dios fue implacable con Jonás sin dejar de ser misericordioso. Le siguió dando a Jonás la oportunidad de arrepentirse y completar la misión del llamado.

Como Jonás, no somos inmunes a nuestras propias formas de resistirnos cuando somos llamados al ministerio. Ya sea porque estemos llamados a plantar iglesias o a alguna otra forma de ministerio en nuestra iglesia local, Jonás nos enseña cinco cosas las cuales debemos dejar de hacer y empezar a hacer, estas mismas pueden ayudarnos a avanzar en la misión.

1. No te demores cuando Dios te llame; obedece pronto.

Mientras sacaba dos grandes pizzas del restaurante, observe a un indigente y su perro, ellos cruzaban por detrás de mi coche. «Dale una de las pizzas», pasó por mi mente. Mientras lo veía seguir su camino sin siquiera voltear a verme, luchaba con esa indicación: «¿Y si me estoy exponiendo?, ¿y si su perro me ataca?, ¿y si lo ofendo?». Cuando mis argumentos se agotaron, él ya no estaba en el estacionamiento. Suspiré, subí a mi coche y me dirigí en dirección contraria, rumbo a mi casa.

Jonás, como yo, se dirigió en la dirección opuesta. Cuando fue llamado a Nínive, se dirigió a Tarsis y enseguida se quedó dormido, quizás desestimando el llamado de Dios. Cuando pensamos en Dios dirigiéndonos, entramos en un debate interior sobre cómo obedecer. ¿Esperamos un momento más oportuno o actuamos rápidamente para seguir el llamado y no preocuparnos por las consecuencias?

2. No te adormezcas ante la obra de Dios en los demás; busca maneras en las cual Dios obre.

Dios envió una tormenta y afectó a quienes rodeaban a Jonás, pero él se durmió durante la tormenta, ajeno a quienes se veían afectados a su alrededor. Estaba más centrado en sí mismo y no en los demás. Si hubiera tenido disposición para ver la obra de Dios en los demás, podría haberles ahorrado mucho dolor y angustia a sus compañeros cuando perdieron toda la carga y por poco pierden también sus vidas.
Cuando se despertó, echaron suertes y la suerte cayó sobre Jonás, ahí se dio cuenta de las consecuencias de sus actos para los demás en el barco. Cuando les pidió arrojarlo por la borda, remaron con más fuerza, queriendo preservar todas las vidas, incluida la de Jonás. La fuerte tormenta acabó por convencerlos, definitivamente la solución de Jonás era la mejor, pero pidieron clemencia por quitarle la vida. Dios obró con poder y los marineros adoraron, a pesar de la indiferencia inicial de Jonás hacia ellos.
Si yo hubiera seguido las indicaciones de Dios, podría haberme sorprendido al conocer más de la historia del indigente. Tal vez lo habría escuchado compartir cómo veía a Dios y habría visto cómo Dios estaba ya obrando en su vida.

3. No ignores la misericordia de Dios; acéptala, no importa cómo esté representada.

Dios fue misericordioso con Jonás. Utilizó distintas formas creativas para llamar a Jonás a hacia Él. Utilizó un pez, al igual una tormenta y más tarde utilizaría una planta, un gusano y también el viento para llamar la atención del profeta y ofrecerle una segunda oportunidad para completar su misión.

Tras permanecer tres días en el interior de un pez, Jonás decidió seguir el llamado de Dios. El pez no solo se tragó a Jonás: lo salvó.

La misericordia de Dios hacia nosotros puede manifestarse de muchas formas. Incluso puede llegar a nosotros de forma dolorosa, como pasar tres días dentro de un pez; pero Dios hará todo lo necesario para atraernos de nuevo a Él. Nos invita continuamente a formar parte de su misión. Cuando nos sometemos a su misericordia y a su manera, Él puede utilizarnos como Él quiera.

4. No descartes el mensaje de Dios; recuerda su poder.

Jonás pronunció la misma advertencia en toda la ciudad. Su mensaje era sencillo y tal vez le resultó familiar repetir las mismas palabras. ¿Esperaba él alguna respuesta de los ninivitas, gente la cual él creía digna de la ira de Dios?

Ante la predicación de Jonás, toda la ciudad respondió al mensaje de Dios a través del profeta. Todos se arrepintieron, desde el rey hasta el ciudadano más humilde.

Al repetir un mensaje similar de arrepentimiento, como las buenas nuevas del evangelio, también puede resultar familiar el olvidarnos de su poder. Tal vez nos descuidamos al poner mucha esperanza en ver resultados mientras Dios obra a través de su mensaje.

¿Cuál es mi actitud al compartir el mensaje del amor de Dios? Si le hubiera dado al indigente la pizza y le hubiera dicho cuánto lo ama Jesús, ¿qué habría pasado? Cuando obedezco a Dios, ¿cuánto subestimo su poder? ¿Hasta qué punto creo en su obra según su palabra?

5. No elijamos nuestras propias pasiones; abraza la apasionante misión de Dios.

Mientras esperaba el juicio de Dios sobre Nínive, Jonás estaba en descontento. Reprendió a Dios por su misericordia hacia los enemigos de Israel, sin sentir ninguna satisfacción por seguir el llamado de Dios. Tal vez Jonás incluso se sintió avergonzado de su profecía de juicio, la cual no ocurrió. Había proclamado el juicio de Dios asegurando avecinarse y luego Dios decidió ceder y reprender al profeta por su falta de compasión. ¿Acaso Jonás se preguntaba y preocupaba por los pensamientos y comentarios de sus compatriotas al advertir a sus enemigos?

Nuestra pasión y preocupación por las buenas opiniones de los demás puede dictar nuestra respuesta al llamado de Dios. A veces podemos ser lentos en responder o descuidar el llamado por completo. Con el indigente, yo no estuve dispuesta a arriesgarme a un desaire y a pasar vergüenza. Mi deseo de tener la buena opinión de la gente puede superar mi pasión por la buena opinión de Dios, así como por la pasión de Dios por los no alcanzados y los heridos.

Ese día, tuve una oportunidad con el indigente. Pero cuando Dios me dé otra oportunidad de obedecer su llamado, ¿seguiré el ejemplo de Jonás y dudaré en compartir la misericordia y el mensaje de Dios? ¿O voy a obedecer pronto, atenta a ver a Dios obrando con poder y pasión? Cuando vivimos en misión, ya sea plantando iglesias o como miembros de una iglesia local, el llamado misionero de Dios debe prevalecer sobre nuestra propia pasión y comodidad.

PUBLICADO EL 15 DE JULIO DE 2021

Montra Weaver

Montra Weaver sirvió dos años con un misionero en la UBA. Desde entonces, ha servido como líder laica en el ministerio bilingüe dentro de una iglesia de la SBC, donde ha ayudado a crecer el alcance de la iglesia y el discipulado de los hispanos en su comunidad. Durante diez años, fue profesora de español e inglés en una escuela preparatoria y durante cuatro años también fue directora de una escuela primaria en un colegio cristiano en Waco, Texas. Ella y su marido tienen tres hijos mayores y seis nietos. En su tiempo libre, le gusta leer, alimentar a los pulgones en su jardín y jugar con sus nietos.


Published diciembre 2, 2022

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Montra Weaver

Montra Weaver served for two years with a home missionary in the Union Baptist Association. Since that time, she has served as a lay leader in the Bilingual Ministry within an SBC church, where she has helped grow the church's outreach and discipleship of Hispanics in her community. For ten years, she served as a high school Spanish and English teacher and for four years she also served as an elementary school principal in a Christian school in Waco, Texas. She and her husband and have three grown children and six grandchildren. In her spare time, she enjoys reading, feeding aphids in her garden, and playing with her grandchildren.