Cómo amar a los que diriges cuando están sufriendo

POR KATHY FERGUSON LITTON

¿Cómo puedes consolar a alguien que está viviendo su peor pesadilla?

Nuestro primogénito, Brett, acababa de llegar a nuestros brazos y a nuestros corazones. Teníamos 22 años y estábamos completamente maravillados con su nacimiento y con la idea de convertirnos en papá y mamá.

Mi esposo Rick era pastor de jóvenes. Mi esposo tuvo que visitar a otra familia con un bebé de la misma “edad” que nuestro hijo. Solo tenía siete días de nacido pero le habían descubierto un peligroso tumor. Obviamente, fue impactante y devastador para los jóvenes padres quienes eran más o menos de nuestra edad.

Nunca olvidaré cuando Rick volvió a casa y vio a nuestro bebé sano y salvo. Nunca lo había visto tan conmovido. Platicamos hasta altas horas de la noche y nos preguntábamos:

“¿Qué puedes hacer o qué puedes decir en momentos como este?”.

Nos sentíamos incompetentes. Éramos muy jóvenes, pero el papel pastoral de Rick nos exigía entrar en las vidas de las personas en momentos devastadores, sin importar si estuviéramos o no preparados.

ENCUENTROS EN MEDIO DE CRISIS EN EL MINISTERIO

Ese fue nuestro primer encuentro en una crisis durante nuestro ministerio, pero no fue el último. Han pasado casi 40 años y hemos estado presentes en medio de momentos devastadores y destructivos en las vidas de muchas personas.

Cuando los huracanes arrasaron sus vidas y posesiones, cuando perdieron su casa en un incendio, cuando les dio un devastador diagnóstico de cáncer, cuando un esposo confesó su adulterio o cuando un ser querido acababa se quitó la vida, nosotros estuvimos allí.

Estuve presente cuando un hijo le confesaba a su padre sus infracciones exactamente cuando la policía iba llegando a su puerta. Visité en la cárcel a la anciana de pelo blanco quien había asesinado a su propio marido. Yo tenía apenas 28 años cuando tuve que asistir una jóven viuda de 26 quien había perdido a su esposo en un repentino ataque al corazón.

En esos momentos, no sabía qué decir o qué hacer. En ningún momento me sentí preparada o competente. De hecho, el recuerdo de muchas de estas ocasiones todavía me deja con un nudo en el estómago.

Sin embargo, en nuestro papel tan único en el ministerio, como líderes espirituales, seremos llamadas a estas escenas. Seremos llamadas a lugares de intensa conmoción y devastación, desorden y decepción. La mayoría de nosotras no sabrá qué hacer. Nos sentiremos exageradamente incapaces de ayudar.

Por lo tanto, debemos tomar dejarnos guiar de esta Escritura:

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor”. (1 Corintios 13:13 RVC).

En esos momentos difíciles, estamos llamados a transmitir fe, esperanza y amor.

PRESENTE Y PRÁCTICA

Transmitimos amor siendo las “manos y los pies de Jesús”, francamente yo había trivializado esto porque no tenía idea de su poder.

Entonces, ¿cómo amamos?

Amamos estando presentes.

Demostramos compasión estando presentes. Sí, ¡solo con estar presentes! Estar presente no es poca cosa. De hecho, es casi todo.

“No necesitas un plan; solo necesitas estar presente”. –Bob Goff

Regresemos a nuestro conflicto con el: “¿Qué digo?”. Está bien querer tener un plan, pero estar presente es mucho más importante que estar hablando. Si nos mantenemos apartadas porque nos sentimos incómodas o incompetentes, pone nuestra comodidad por encima del dolor ajeno. Es amarnos a nosotroas mismas en vez de amar a nuestro prójimo. Bob Goff lo dijo bien cuando afirmó:

“Pero el tipo de amor que Dios creó y demostró es costoso, porque implica sacrificio y presencia. Es un amor que funciona más como una lengua de señas que como un lenguaje hablado”.

Amamos siendo prácticas.

El amor es práctico cuando haces el bien. Empecé a entender esto poco después de que enfrentar una de las más grandes tragedias de mi vida. Cuando falleció mi esposo Rick. La vida era abrumadora mientras me adaptaba a vivir sin él. Me costó mucho ser mamá soltera de tres hijos y sustentar la casa sola. Una tarde volví a casa y me encontré con que unos jóvenes de mi iglesia habían arreglado mi jardín, ¡hasta limpiaron las suciedades del perro! Yo estaba en un momento frágil emocional y espiritualmente. Me quedé parada mirando mi patio trasero, ordenado y limpio, y literalmente sentí el amor de Dios. Él envió a esos jóvenes para satisfacer mis necesidades y mostrarme su amor. Mis lágrimas corrían por mi rostro mientras miraba al cielo con un poderoso descubrimiento: “Tú me ves”, como decía Agar en la Biblia, quien comprendió cómo Dios veía sus circunstancias y no la abandonó.

“Nuestro amor práctico hacia los necesitados refleja el corazón del Padre y forma parte de la imagen que tenemos de nuestro Dios creador”. –Trillia Newbell

Cuando estamos presentes, empezamos a ver las necesidades de las personas heridas y quebrantadas; entonces podemos participar en la satisfacción de esas necesidades. Podemos movilizar a otros para que apoyen y animen de esta manera: como cuerpo de Cristo, somos sus manos y sus pies.

FORTALECE Y ANIMA MIRADAS DE FE

El versículo: “…vivimos por la fe, no por la vista”. (2 Corintios 5:7 RVC), se repetía una y otra vez en medio de nuestro trágico accidente de auto donde falleció mi esposo. Contrario las palabras del apóstol Pablo, yo estaba viviendo por la vista, no por fe, y lo que veía era doloroso y aterrador.

Muchas tienen la tentación de pensar esto en medio de las calamidades y las pruebas porque se sienten abrumadas a causa de las oscuras y devastadoras circunstancias. Lo que ven, parece nublar fácilmente su fe. Sin embargo, cuando estamos presentes junto a ese hermano o hermana, tenemos la oportunidad de comunicar: “No tomes decisiones sin Dios en este momento”.

Escucha las palabras de Pablo:

“…y enviar a ustedes a nuestro hermano Timoteo, que es un servidor de Dios y colaborador de nosotros en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en su fe, para que nadie se inquiete por estas dificultades”. (1 Tesalonicenses 3:2-3 RVC).

Al igual que Pablo envió a Timoteo, Dios nos envía a nosotras para fortalecer y animar la fe de las personas. Dios se preocupa profundamente por la salud de nuestra fe, sobre todo en tiempos difíciles. Esto también debería preocuparnos mucho.

Dos maneras en las que podemos animar a otros a apoyarse en Él en tiempos de conflicto:

  • Deja que tu presencia comunique tu amor y solo utiliza palabras cuando sea necesario. Tu presencia en sus momentos dolorosos puede tender puentes para conversaciones más profundas y directas más adelante.
  • Puedes dejar una sencilla nota con promesas bíblicas, especialmente sobre la presencia de Dios y su amor, como: “Él nunca te dejará ni te abandonará”.

Aunque el sufrimiento puede ser un lugar fértil para crecer nuestra fe, también es un lugar fértil donde Satanás siembra ira, amargura, duda y cinismo. Cuida las palabras poco oportunas pues son el combustible de las mentiras del enemigo.

Además, cuando nos acercamos al dolor de quienes no conocen a Cristo, a menudo puede ser una oportunidad para hablar de la fe o compartir el evangelio. El dolor puede crear espacio y abrir el diálogo para los temas espirituales, pero la ternura, la sabiduría y el ser oportunas deben ser prioridad. No des la impresión de ser simplemente una oportunista religiosa; primero, debes ser una amiga a la quien le importa genuinamente el dolor de los demás.

MANTÉN LA ESPERANZA CUANDO LA SUYA ESTÉ ABATIDA

Dios ha prometido: “…para que tengan un futuro lleno de esperanza”. (Jeremías 29:11 RVC), pero para las personas en medio del sufrimiento, esa realidad aún no está cerca. El drogadicto quien ha vuelto a recaer o cuando el cáncer causa sus estragos o el esposo sumido en un profundo y oscuro dolor, necesitarán palabras de compasión.

Estamos literalmente “entre la esperanza y la desesperación”, como dice Steven Curtis Chapman en su canción “Hallelujah, You are Good” (“Aleluya, Tú eres bueno”).

“Esta esperanza mantiene nuestra alma firme y segura, como un ancla, y penetra hasta detrás del velo”. (Hebreos 6:19 RVC).

Hay una razón por la que la esperanza es un ancla: porque nos sostiene cuando el viento y las tormentas del sufrimiento nos zarandean, nos sacuden y nos golpean. Necesitamos siempre tener esperanza a la mano. Dios no ha terminado nuestra historia.

Para quienes no están listos para creer que todo va a estar bien, les damos esperanza al nosotros creer en la verdad por ellos. “Volveré a abrir un camino en el desierto, y haré que corran ríos en el páramo” (Isaías 43:19 RVC). “… no nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven…” (2 Corintios 4:18 RVC).

Debemos permitirles cojear en esperanza hasta que el Espíritu intervenga: “¡Que el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en la fe, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo!” (Romanos 15:13 RVC).

Creo en estas palabras de Joni Eareckson Tada. Yo las he experimentado: “El mayor bien que puede hacerme el sufrimiento es aumentar mi capacidad para ver a Dios”.

Así que, cuando te encuentres con personas que sufren, deja que las palabras de Joni se conviertan en tu oración. “Padre, deja que mi presencia, mis palabras y mi ayuda aumenten la capacidad de esta alma para ti”.

Lee más sobre cómo afrontar tu propio estrés y cómo ayudar a otros a hacer lo mismo.

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PUBLICADO EL 17 DE DICIEMBRE DE 2020

Kathy Ferguson Litton

Kathy vive en Mobile, Alabama, con su esposo Ed, pastor de la iglesia Redemption Church. Ambos perdieron a sus antiguas parejas en accidentes de tránsito; Dios les dio un nuevo amor y una nueva vida juntos en 2009. Kathy disfrutó de 26 años de vida y ministerio junto a Rick Ferguson. Tiene tres hijos y diez nietos. En la actualidad, ejerce como Directora de desarrollo de esposas de plantadores de iglesias.


Published octubre 31, 2022

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