Filipenses 1 nos da cuatro anclas que mantienen a un equipo de plantación de iglesias firme, evitando caer en cualquiera de las dos zanjas que conocemos demasiado bien: una misión sin amor o amor sin misión.

Hace algunos años, me senté en una cena de Navidad con nuestros ancianos, diáconos y sus esposas buenos hombres y mujeres que habían trabajado, sacrificado y permanecido firmes en la obra cuando habría sido más fácil desviarse. Comimos, oramos y reímos; hablamos de cargas que algunos aún no habían expresado en voz alta. Había ese tipo raro de calidez que no proviene de “buena química”, sino de cicatrices y esperanza compartidas.
Y como estaba a punto de comenzar a predicar en Filipenses en el nuevo año, cuando regresé a casa esa noche, escribí algo que aún siento que es un recordatorio necesario para los plantadores de iglesias:
La misión importa así como también importan los misioneros.
Filipenses 1 nos da cuatro anclas que mantienen a un equipo de plantación de iglesias firme, evitando caer en cualquiera de las dos zanjas que conocemos demasiado bien:
- Participación en el evangelio
- Creciendo en afección
- La buena obra allá afuera
- La buena obra aquí adentro
Si estás plantando, reconstruyendo o liderando una iglesia joven con un equipo pequeño y grandes necesidades, Filipenses 1 no solo te inspira, te estabiliza.
1. Participación en el Evangelio: Más que Tareas Compartidas, es Vida Compartida
Pablo abre Filipenses como un pastor que realmente ama a su pueblo:
“Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos ustedes, por su participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora” (1:3-5).
“Participación” es más que trabajo en equipo. Es más que “servimos en la misma iglesia”. Es la profunda convicción de que Dios ha unido nuestras vidas alrededor del evangelio.
Los plantadores de iglesias necesitan ésto porque los primeros años pueden formar sutilmente una iglesia alrededor de la función en lugar de la comunión. Estás construyendo sistemas, reclutando voluntarios, levantando fondos, resolviendo problemas y tratando de sobrevivir semana tras semana. Bajo esa presión, la asociación puede reducirse a “¿Quién está haciendo qué?” y “¿Terminaste tu parte?”
Pero la asociación de Pablo es más profunda que una lista de tareas. Incluye oraciones, lágrimas, generosidad, sufrimiento y un “sí” compartido a la misión de Jesús.
Una plantación de iglesias no necesita simples colaboradores, necesita socios. Y si tú eres el plantador de iglesias, modelas esa asociación primeramente con tu equipo. Llamas a las personas a una responsabilidad significativa. Invitas a la iglesia al gozo del sacrificio. Les enseñas que el cristianismo no es un deporte de espectadores y que la plantación de iglesias no es un producto que consumen. Es una familia en misión a la que pertenecen.
Cuando la asociación es real, puedes soportar temporadas difíciles sin volverse unos contra otros. Cuando es superficial, cualquier presión divide al equipo.
2. Creciendo en afección : Plantar Requiere Más que Estrategia
Una de las líneas más impactantes en Filipenses 1 es cuán emocionalmente presente está Pablo:
“Porque Dios me es testigo de cómo los añoro a todos ustedes con el entrañable amor de Cristo Jesús” (v. 8).
Nota lo que no dice: “Aprecio su ayuda.” O “Gracias por la ofrenda.” O “Buen trabajo manteniéndose en la misión.” Él dice: “Los añoro.” Y fundamenta ese anhelo en el afecto de Cristo no en compatibilidad de personalidad, no en pasatiempos compartidos, no en “somos el tipo de personas que conectan fácilmente”. Este es afecto espiritual. Afecto de pacto. Amor formado por el evangelio.
Plantadores, hablamos mucho de visión, tracción, claridad, sistemas y cultura. Y debemos hacerlo. Pero no te pierdas ésto: una plantación de iglesias puede ser estratégicamente sólida y relacionalmente vacía. Y cuando eso sucede, el crecimiento no lo sana, lo expone.
El crecimiento en afección no es sentimentalismo. No es evitar conversaciones difíciles. No es crear una “atmósfera”. El afecto es lo que hace posible la corrección sin colapsar. Es lo que evita que el liderazgo se vuelva transaccional. Es lo que ayuda al equipo a luchar contra el verdadero enemigo en lugar de entre ellos mismos.
El afecto de Pablo no era abstracto. Tenía personas en mente, historias, nombres y recuerdos compartidos. Tenía relaciones reales con santos de carne y hueso. Si quieres una pregunta honesta para evaluar tu plantación de iglesias o tu equipo base, intenta esta: ¿Disfrutamos estar juntos? No perfectamente. No siempre. Pero genuinamente. ¿Hay calidez, honra y gratitud? ¿O solo eficiencia y estrés compartido?
No puedes fabricar este afecto. Pero puedes cultivarlo. Lo cultivas orando por las personas por su nombre. Celebrando evidencias de la gracia de Dios. Suponiendo lo mejor. Confrontando pronto y con humildad. Practicando honra en público y en privado. Negándote a permitir que la decepción se convierta en cinismo.
Las iglesias no solo necesitan dirección. Necesitan devoción—tanto a Cristo como unos a otros.
3. La Buena Obra allá Afuera: La Misión Avanza a Través de Cosas Difíciles
Pablo escribe Filipenses desde la prisión. Y aun así dice algo sorprendente:
“Ahora quiero que sepan, hermanos, que las cosas que me han sucedido han redundado más bien para el progreso del evangelio” (v. 12).
Pablo no niega la dificultad, la interpreta. La misión no es frágil, no está a merced de tus circunstancias. Jesús está edificando Su iglesia y no está preocupado por tus limitaciones.
Para los plantadores de iglesias, esto es importante porque a menudo asumimos que la misión es más efectiva cuando todo es estable: el lanzamiento es fuerte, las finanzas están sanas, el equipo base está unido, el ministerio infantil tiene personal suficiente, el lugar es perfecto, la ciudad responde y nuestros corazones están descansados. Pero Pablo nos muestra una mentalidad misionera: incluso los capítulos dolorosos pueden convertirse en plataformas para el avance del evangelio.
Aquí está la tensión que los plantadores de iglesias deben sostener: planificamos sabiamente y confiamos profundamente; trabajamos duro y rechazamos el pánico. Buscamos la excelencia y resistimos la mentira de que todo depende de nosotros.
También hay una sutil advertencia para el liderazgo acá. Algunos plantadores de iglesias solamente se sienten “en misión” cuando están predicando, reclutando, creciendo u obteniendo logros. Pero Pablo ve el avance de la misión a través de conversaciones en el encierro, a través de guardias que lo escuchan, a través de la claridad del evangelio en espacios disputados.
Si estás plantando iglesias, necesitas categorías para una misión fiel que no se limiten a la asistencia del domingo. La misión avanza cuando tu gente habla de Jesús en el trabajo. Cuando se arrepienten rápidamente en sus matrimonios. Cuando soportan el sufrimiento con esperanza. Cuando comparten el evangelio con un vecino. Cuando discipulan profundamente a una persona. Cuando dan sacrificialmente. Cuando eligen obediencia valiente, aunque les cueste socialmente.
La misión “allá afuera” no es simplemente un evento que tu iglesia organiza. Son las personas que Dios envía.
4. La Buena Obra aquí Adentro: La Salud de la Iglesia No es un Lujo, es una Mayordomía
La famosa frase de Pablo a menudo se cita aisladamente:
“El que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”
(v. 6).
Usualmente la aplicamos de manera individual. Y eso es correcto. Pero no pierdas el contexto corporativo. Pablo está hablando a una iglesia. Dios está haciendo una buena obra en ellos juntos.
Luego Pablo ora no por comodidad o facilidad, sino por profundidad:
“Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento y en todo discernimiento… llenos del fruto de justicia que viene por medio de Jesucristo” (vv. 9-11).
En otras palabras, la misión no puede separarse de la madurez. La asociación en el evangelio no puede separarse de la formación en el evangelio. La “buena obra allá afuera” no puede separarse de la “buena obra aquí adentro”.
Plantadores, escuchen claramente: la salud del equipo y la salud de la iglesia no son distracciones de la misión. Son parte de la misión.
Si la iglesia crece pero los líderes se queman, no ganaste. Si la iglesia se multiplica pero los matrimonios colapsan, no ganaste. Si aumentan las conversiones pero muere la oración, no ganaste. Si la iglesia se vuelve “conocida” pero el amor se debilita, no ganaste.
Dios se preocupa por la santidad de Su pueblo y por el amor de Su iglesia porque la iglesia no es solo un vehículo para la misión. La iglesia es una demostración del evangelio. Jesús no solo salvó individuos; está formando un pueblo.
Entonces sí, debes buscar el crecimiento. Pero búscalo de una manera que produzca “fruto de justicia” y vidas “sinceras e irreprensibles”—no voluntarios exhaustos, líderes ansiosos y discipulado superficial. Es por esto que las iglesias saludables tienen ritmos; no para sentirse “organizadas”, sino para priorizar lo importante: Palabra y oración, pastoreo y disciplina; confesión y reconciliación; generosidad y misión, descanso y resistencia, gozo y perseverancia. Por eso los ancianos deben ser más que una simple junta directiva, y los diáconos, más que simples jugadores. Son dones de Jesús para la salud del cuerpo.
La buena obra “aquí adentro” es Dios haciéndolos una iglesia que se parece a Jesús.
Manteniendo las Cuatro Juntas
El peligro no es que olvidemos las cuatro. El peligro es que enfaticemos una o dos y descuidemos las demás.
Algunas plantaciones se obsesionan con la misión “allá afuera” y tratan a las personas “aquí adentro” como herramientas, brillan intensamente y luego se apagan.
Otras aman tanto el “aquí adentro” que dejan de alcanzar el “allá afuera”. Se vuelven cálidas y centradas en sí mismas. Algunas tienen “asociación”, pero está construida sobre personalidad y preferencia, no sobre el evangelio—y cuando llega la presión, se dividen.
Algunas practican el “afecto” pero evitan la verdad y el discernimiento y así el amor se vuelve vago y el discipulado superficial.
Filipenses 1 no nos permite elegir. Nos llama a sostener las cuatro—porque así es como se ve una iglesia con la forma de Jesús.
La misión importa como también importan los misioneros. Porque la misión es llevada a cabo por misioneros. Y los misioneros son formados a través de la misión. Y ambos son sostenidos por el Dios que termina lo que El comienza
Una Oración Final por los Plantadores y sus Iglesias
Señor Jesús, danos una verdadera asociación en el evangelio—gozo compartido, carga compartida, sacrificio compartido, esperanza compartida. Haz crecer en nosotros un afecto real, no una conexión fabricada, sino el amor de Cristo que puede soportar la decepción y avanzar hacia la unidad. Haz avanzar el evangelio “ allá afuera” a través de nuestra debilidad, a través de la oposición y a través de la fidelidad ordinaria. Y haz Tu buena obra “aquí adentro”, formándonos como un pueblo sano, santo, discerniente y fructífero, llenos de justicia por medio de Ti, para la gloria y alabanza de Dios. En el poderoso nombre de Jesús, Amén.
Published febrero 26, 2026