Todo buen líder de iglesia tiene esta cualidad

By Kathy Ferguson Litton

There’s one characteristic in a church leader that’s invaluable to the church but isn’t easily quantified.

POR KATHY FERGUSON LITTON

Hay una característica invaluable en un líder. Se manifiesta en la iglesia donde lidera, pero no es fácil de medir.

Nota del editor: este es un extracto del libro electrónico Five Markers of Healthy Planting Wives, (Cinco indicadores de salud en las esposas de plantadores) editado por Kathy Litton. Descarga tu copia gratuita hoy mismo.

Hay una característica importante en la esposa de un plantador de iglesias y en general en todo líder de la iglesia. Esta característica es invaluable para la iglesia, pero no siempre es fácil de medir.

La salud emocional.

¿QUÉ ES LA SALUD EMOCIONAL?

El término “salud emocional” ganó popularidad a mediados de la década de 1990. El mundo comenzó a reconocer rápidamente esto: el entender, identificar y manejar nuestras emociones era un verdadero indicador de salud.

El concepto de salud emocional entró en el contexto cristiano a través del trabajo pionero de Peter Scazzero (un plantador de iglesias y pastor en la ciudad de Nueva York) en su libro, Espiritualidad emocionalmente sana.

Mientras leía la obra de Peter, llegué a esta sorprendente conclusión: como una líder espiritual visible, mis emociones y salud emocional eran de carácter público y ni siquiera estaba consciente de ello.

Entonces, ¿qué significa “salud emocional”? La salud emocional es:

  • la capacidad de identificar y manejar tus emociones, así como de reconocer e identificar las emociones de los demás;
  • nuestra capacidad para afrontar los eventos de la vida y la manera como reconocemos nuestras propias emociones, así como las de los demás;
  • para los creyentes, es entender la obra de Jesucristo en la cruz y aplicarla a nuestras emociones y necesidades emocionales.

Nadie nace siendo emocionalmente maduro. Pero afortunadamente, nuestra madurez emocional no es estática. Todos podemos crecer en nuestra capacidad de comprender el poderoso papel de las emociones.

Nuestra salud emocional está directamente relacionada con la maldad en nuestra alma y nuestro corazón, producto del pecado y de nuestra naturaleza pecaminosa. Sin embargo, Dios desea llevar plenitud y madurez a cada área de nuestra vida, incluyendo nuestras emociones.

SEIS PREGUNTAS PARA DETERMINAR TU SALUD EMOCIONAL

Estas seis preguntas pueden ayudarte a entender cómo se manifiesta tu salud emocional.

  1. ¿Eres capaz de identificar tus emociones y expresarlas de manera útil o tienes la reputación por tener reacciones explosivas y emocionalmente destructivas?
  2. ¿Dices “sí” cuando deberías decir “no” de manera regular?
  3. ¿Tienes un historial de relaciones quebrantadas?
  4. ¿Rara vez compartes tus debilidades y fallas con los demás o sientes la necesidad de proyectar algo no genuino sobre ti?
  5. ¿La desaprobación te destruye?
  6. ¿Constantemente te excedes en tus actividades en casa, el trabajo o la iglesia y luego sientes resentimiento hacia otras personas?

Las respuestas a estas preguntas son reveladoras. Cuando la desaprobación de los demás nos destroza o aplasta, es un indicador de nuestra dependencia en la opinión de la gente.

Un ciclo constante de arrebatos incontrolables daña las relaciones y perjudica las interacciones con quienes nos rodean.

Asumir demasiadas responsabilidades para impresionar a los demás o por miedo a perder su favor es un gran indicador de nuestra salud emocional, no solo un problema de administración del tiempo.

¿CÓMO SE MANIFIESTA LA SALUD EMOCIONAL?

Entonces, ¿cómo se manifiesta la salud emocional? En su libro, Espiritualidad emocionalmente sana, Peter Scazzero nos enseña cómo la salud emocional nos permite:

  • nombrar y reconocer sentimientos;
  • desarrollar empatía (identificarnos con los demás y tener compasión de ellos);
  • iniciar y mantener relaciones significativas;
  • romper con patrones destructivos de pensamiento;
  • expresar emociones con claridad;
  • aprender cómo el pasado impacta en el presente;
  • pedir de manera clara, directa y respetuosa lo que necesitamos, queremos o preferimos;
  • evaluar adecuadamente nuestras fortalezas, límites y debilidades, y compartirlos libremente con otras personas;
  • desarrollar la capacidad de resolver conflictos con madurez.

Podemos tomar esta lista, abrir nuestra Biblia y ver cómo Jesús mostró su salud emocional en muchas instancias. Jesús personificó al ser humano, sus experiencias y emociones, sin pecar. Él fue expresivo emocionalmente, y encontramos pasajes en donde muestra su gozo, tristeza, ira e incluso desánimo y desaliento. Él construyó relaciones sanas e íntimas. Fue emocionalmente honesto y vulnerable. Aunque sirvió a la gente de manera incansable y generosa, no complació a todos a su alrededor. Su identidad estaba segura. A menudo se alejaba de las personas para aislarse y recargarse.

Ser alguien emocionalmente sano no significa estar feliz todo el tiempo. Significa estar conscientes de tus emociones. Las personas emocionalmente sanas:

  • siguen sintiendo estrés, ira y tristeza, pero saben cómo manejar los sentimientos negativos;
  • pueden compartir sus fracasos y debilidades en lugar de sentirse obligadas a proyectar una vida sin defectos;
  • no se ofenden fácilmente;
  • pueden recibir críticas sin sentirse heridas y, de hecho, se entienden como una ayuda para impulsar su crecimiento.

Cuando somos redimidos, el Espíritu comienza a aplicar los efectos liberadores de la muerte y resurrección de Jesús para traer transformación espiritual, esto incluye el poder de transformar nuestra salud emocional.

Nuestra madurez espiritual es el cimiento de nuestra madurez emocional. Si medimos la madurez espiritual como la acumulación de conocimiento bíblico factual y teología, y no notamos el fruto necesario de la transformación espiritual personal, nos perdemos del poder dinámico único del evangelio para restaurar al creyente de manera integral.

¿CÓMO PROPORCIONA DIOS LA PLENITUD EMOCIONAL?

  1. El evangelio

El evangelio es igualmente necesario para mi transformación como lo fue para mi justificación. De hecho, el propósito de Dios al redimirnos es transformarnos por completo. El evangelio no solo puede cambiarnos de adentro hacia fuera (y definitivamente debería hacerlo), sino también nos cambia emocionalmente y nos hace madurar.

El evangelio es el camino permanente hacia una mayor comprensión personal, esta produce cambios en nuestro corazón y en nuestra vida. Pedro nos ayuda a ver esto en 2 Pedro 3:18 cuando dice: “Crecemos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

Crecemos cuando aplicamos estas verdades evangélicas a nuestras realidades cotidianas.

  • Soy perdonado (1 Juan 1:9).
  • Soy santificado (1 Corintios 1:2).
  • Soy libre (Juan 8:36).
  • Todo lo puedo en Cristo (Filipenses 4:13).
  • Soy un heredero de Dios (Romanos 8:17).

Caminar con una comprensión clara del evangelio nos ayuda a recibir las críticas. La crítica puede evocar humildad y crecimiento, pero también puede provocar ira, dolor o devastación personal.

Las críticas hacia tu ministerio de niños o los ataques al liderazgo de tu esposo no deben devastarte. Porque tu identidad no se basa en tu desempeño o tus logros, sino en el amor incondicional de Cristo y en su obra en la cruz por ti.

Como dice Tim Keller: “Cuando me olvido del evangelio, me vuelvo dependiente de las sonrisas y las evaluaciones de los demás”.

El evangelio nos da una libertad sin precedentes. Caminar con un entendimiento claro del evangelio nos da libertad con respecto a nuestros pecados y fracasos. Nadie tiene porque fingir tener todo bajo control. Las personas espiritual y emocionalmente sanas son conscientes de sus carencias. Viven en una auténtica comunidad cuando se confiesan mutuamente sus pecados para buscar la restauración y la sanidad del poder de ese pecado. Exponer el pecado a la luz es el camino hacia la libertad.

Caminar con una sólida comprensión y aplicación del evangelio tiene el poder de liberarnos de:

  • necesitar la constante aprobación de otros;
  • sentirnos fácilmente ofendidos;
  • evitar los conflictos;
  • encubrir nuestras debilidades y quebrantos;
  1. El amor de Dios

Nuestro corazón está diseñado para ser saciado por el amor, la seguridad y la trascendencia. El cristianismo está construido sobre la base de que Dios nos ama generosamente (1 Juan 3:1) y somos creados para ser completamente saciados en ese amor.

Yo di un gran paso hacia mi plenitud emocional cuando hice dos descubrimientos. El primero: solo el perfecto amor del Padre supliría mis necesidades espirituales y emocionales más profundas, y el segundo: todas las demás fuentes al final no podrían hacerlo porque no fueron diseñadas para satisfacer completamente mis necesidades.

En el Salmo 33:13-18, David nos recuerda que nuestro corazón fue diseñado para ser satisfechos por Dios. Sin embargo, creemos que al tener un matrimonio y un esposo que nos ame, al criar hijos buenos, al tener un ministerio floreciente o una carrera, al encontrar trascendencia en alguna causa o en nuestros logros, o al ser admiradas y respetadas por los demás hallaremos satisfacción para nuestra alma.

Estas no son cosas malas, simplemente no son las correctas.

Desafortunadamente, mientras sigamos recurriendo a las cosas equivocadas, seguiremos luchando con los celos y la comparación. Cuando huimos del conflicto a causa del miedo (creyendo que evitarlo es más seguro) no podemos encontrar soluciones.

Cuando necesitamos desesperadamente el aplauso de la gente, nos preocupamos demasiado por nuestra imagen y muy poco por nuestra realidad espiritual.

Jesús vino a mostrarnos y a enseñarnos cómo relacionarnos con el Padre y vivir en su amor (Juan 17:26). Aprendemos de su ejemplo; él buscaba momentos de soledad para una continua intimidad y dependencia con su Padre. Él encontraba paz, fuerza y estabilidad en el amor de su Padre.

La Escritura también incluye una escena impresionante y vulnerable en la que podemos ver a plenitud la vida emocional de Jesús. En Mateo 26:38-39, cuando Cristo se acercaba a su crucifixión, no leemos una versión suavizada su agonía emocional. Él demostró toda su angustia y miedo, sin embargo, llevó su realidad emocional directamente al Padre. Jesús confió en el amor y la naturaleza de su Padre. Y su Padre amoroso lo encontró en esa realidad con su amor e incluso envió a un ángel para fortalecerlo.

Cuando dejamos de intentar demostrar todos los días nuestro valor, encontramos libertad. No buscamos comprensión o reconocimiento. Servimos a los demás sin esperar nada a cambio. No sentimos ninguna presión por impresionar o competir con nadie.

Caminar en el amor de Dios nos libera de:

  • excedernos en lo que hacemos para impresionar a otros;
  • el miedo de decepcionar a las personas;
  • esforzarnos por mantener una imagen;
  • un espíritu lleno de competencia.

El éxito o fracaso de la iglesia que están plantando no valida ni satisface tu alma. Esa reputación que quieres tener para ser admirada, al final es inmanejable. La ira que tratas de ocultar solo sana cuando la expones a la luz del poder del evangelio y al amor del Padre.

El camino a la salud emocional y al crecimiento se encuentran en Cristo, echa todas tus raíces en él.

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Nota del editor: Este es un extracto del libro electrónico Five Markers of Healthy Planting Wives, (Cinco indicadores de salud en las esposas de plantadores) editado por Kathy Litton. Descarga tu copia gratuita hoy mismo.

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PUBLICADO EL 20 DE ENERO DE 2022

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Kathy Ferguson Litton

Kathy vive en Mobile, Alabama, con su marido Ed, pastor de la iglesia Redemption Church. Ambos perdieron a sus antiguas parejas en accidentes de tránsito, y Dios les dio un nuevo amor y una nueva vida juntos en 2009. Kathy disfrutó de 26 años de vida y ministerio junto a Rick Ferguson. Tiene tres hijos y diez nietos. En la actualidad, ejerce como Directora de desarrollo de esposas de plantadores de iglesias.

 


Published noviembre 21, 2022

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Kathy Ferguson Litton

Kathy lives in Mobile, Alabama, with her husband Ed, pastor of Redemption Church. Both lost former spouses in car accidents, and God uniquely gave them new love and life together in 2009. Kathy enjoyed 26 years of life and ministry alongside Rick Ferguson. She has three children and ten grandchildren. Presently she serves as Director of Planting Spouse Development.