Tres mitos sobre los sentimientos

By Dhati Lewis

POR DHATI LEWIS

Durante mi infancia, fui un niño sensible en un mundo lleno de fútbol americano. Era ese chico sentimental cuando perdíamos un juego. Entonces, inevitablemente, algún niño me insultaba y terminaba peleando conmigo para probar mi valentía.

Hoy en día, muchos nos encontramos en medio de esta misma tensión. Conocemos nuestros sentimientos, pero cuando afloran, nos etiquetan como débiles, “demasiado emocionales” o irrelevantes. Como un esfuerzo de autoprotección y para probar nuestro valor, hacemos todo tipo de maniobras para evadir nuestros sentimientos y asegurarnos de vernos ante las personas como una figura emocionalmente estable, fuerte y productiva.

El resultado de rechazar nuestras expresiones emocionales en la actualidad ha derivado en un resultado trágico para la salud de los adultos.  Después de mucho estudio, la investigadora y trabajadora social Brené Brown descubrió que: “Somos el grupo de adultos más endeudados, obesos, adictos y medicados en la historia de los EE. UU.”.

Evadir nuestras emociones no está dando muy buenos resultados. Nos está pasando factura en nuestra salud. Nuestra capacidad de conectarnos de manera profunda se está debilitando.

Hemos sido objetos de una mentira. Las películas, los deportes, las redes sociales, las expectativas de género y religiosas, junto con muchas otras voces, nos han enseñado mentiras acerca de nuestras emociones y el significado de tener sentimientos profundos.

La verdad, las emociones son un regalo de Dios y nos ayudan a establecer relaciones profundas en nuestro paso por la Tierra. Pero si hemos de experimentar la plenitud del regalo de nuestras emociones, debemos dejar de creer esas mentiras.

Mito N.º 1: Todas las emociones (excepto la alegría) son malas.

Miedo. Ira. Dolor. Soledad. Culpa. Vergüenza. Tristeza. Alegría. Estas son las ocho emociones identificadas por el autor y consejero, Chip Dodd, como las emociones centrales de toda persona. Y, como te podrás imaginar, la respuesta de la mayoría de la gente a esta lista es la pregunta: “¡¿Por qué son todas las emociones (menos la alegría) malas?!” Esta es una mentira fácil de aceptar. Odiamos tanto el dolor y la incomodidad de las otras emociones e incluso estamos dispuestos a creer  catalogarlas como emociones negativas.

En realidad, las emociones son herramientas y nos ayudan a descubrir como vivimos en un mundo trágico. La manera de como elegimos expresarnos puede ser sana o poco sana. Pero las emociones en sí mismas no son ni buenas ni malas. Simplemente son emociones. Los sentimientos son como el tablero de tu auto. El tablero de tu auto tiene como finalidad proveerte información sobre el estado actual del auto. Si el velocímetro marca una velocidad de 70 mph (110 km/h), entonces es un hecho. Estás conduciendo a 70 mph (110 km/h). Si el tablero dice marca medio tanque de combustible, entonces es un hecho. Esa es la cantidad de combustible disponible. El tablero te indica el estado de tu auto. Cuanto mejor entiendas tu tablero, mejor será tu respuesta como conductor.

Pero cuando ignoramos el tablero de nuestras emociones, hay una consecuencia, le permitimos a nuestras emociones convertirse en el sistema de navegación. Nuestras emociones determinan nuestras acciones y llevándonos a lugares a donde en realidad no queremos ir. Debemos aprender a aceptar nuestras emociones como lo que son, ¡indicadores! Las emociones son un gran indicador para saber en dónde estás. Pero son terribles como base para tomar decisiones. Las emociones no fueron diseñadas para ser tu GPS. Son herramientas de Dios para ayudarnos a descubrir dónde estamos en medio de un mundo trágico. Son herramientas de Dios para ayudarnos a viajar esas 18 pulgadas entre nuestra cabeza y el corazón, para sentir, vivir y amar con plenitud.

Mito N.º 2: El tiempo sana todas las heridas.

El tiempo hace muchas cosas, y quizá has escuchado “el tiempo sana todas las heridas”. Pero puedo decirte con certeza: el tiempo no sana. Desgraciadamente llegamos a esta erronea conclusión: si no hablamos sobre nuestro dolor o si simplemente lo ignoramos, finalmente desaparecerá y milagrosamente seremos sanados.

Pero en realidad es todo lo contrario.

Si reprimes tu dolor, con el tiempo, tu salud espiritual y emocional (y probablemente también la física) se debilitarán.

La ideal de “el tiempo sana todas las heridas” es simplemente una manera de evitar nuestro dolor. Es como una infección, se extiende por el cuerpo si no es tratada, una herida emocional no atendida contamina y llena de resentimiento tu corazón. Y seguirá extendiéndose e impactando tu salud en general —física, emocional y espiritual—. En su libro “Espiritualidad emocionalmente sana”, Peter Scazzero escribe: “Es imposible ser maduro espiritualmente mientras se es inmaduro emocionalmente”.

No podemos seguir creciendo en nuestra conexión con Dios, mientras no estemos dispuestos a conectarnos con nosotros mismos. Aunque sea muy incómodo, debemos enfrentar nuestro dolor. Debemos atender las necesidades de nuestro corazón para seguir creciendo en madurez espiritual.

Mito N.º 3: El trabajo de Dios es quitarnos los sentimientos.

  1. Pedro 5:7 nos anima a depositar toda nuestra ansiedad en Dios porque él cuida de nosotros. Qué imagen tan hermosa del amor de Dios por nosotros. Él tiene tiempo para nuestros cuidados, necesidades, preocupaciones, esperanzas, sueños, inseguridades, emociones y anhelos. Él cuida de nosotros porque somos sus hijos y nos invita a entregarle nuestro corazón —todo nuestro corazón—.

Desgraciadamente hemos malinterpretado las implicaciones de este versículo. Podemos pensar “si llevamos nuestras emociones delante de Dios, su trabajo es quitarnos la incomodidad”. Nos hemos convencido de este mito: el papel de Dios es quitarnos todo dolor, tristeza o sentimiento incómodo.

Pero Dios no está ahí para librarnos de nuestros sentimientos, su deseo es ayudarnos a conectarnos con nuestros sentimientos.

Jesús mismo vivió su vida terrenal lleno de emociones. El autor de Hebreos nos cuenta en el capítulo 5 cómo las oraciones de Jesús a menudo estuvieron llenas de fuerte clamor y lágrimas. En Salmos, la ira de Dios se manifiesta plenamente. En Efesios, vemos como el Espíritu Santo puede sentir dolor y tristeza. Podríamos citar muchos otros pasajes en las Escrituras y todos muestran la profundidad de las emociones de Dios. Y si Dios es emocional, entonces, como portadores de su imagen, estamos diseñados para sentir emociones también.

Cuando Jesús nos ofrece vida abundante, la oferta no es para vivir una vida desprovista de emociones. Él nos ofrece estar siempre con nosotros mientras experimentamos la vasta riqueza de las emociones en nuestro corazón.

Dios nos da emociones para ayudarnos a crear una conexión entre nuestra mente y nuestro corazón. Son herramientas y nos indican en dónde estamos. Son caminos y estos nos llevan hacia regalos maravillosos para experimentar una mayor intimidad con él, con los demás y con nosotros mismos.

Dios no nos pide deshacernos de nuestras emociones. Él quiere estar contigo en cada emoción, en cada ola de tristeza, en la alegría de cada triunfo y en cada momento de vergüenza. Dios te invita a depositar tu ansiedad en él, porque él cuida de ti.

PUBLICADO EL 26 DE ABRIL DE 2021

Dhati Lewis

Dhati Lewis es presidente de Send Network para la Junta de Misiones Norteamericana y pastor principal de la iglesia Blueprint de Atlanta, Georgia. Obtuvo su Maestría en Ministerio Transcultural en el Seminario Teológico de Dallas y recientemente recibió su Doctorado en Ministerio en Movilización de la Gran Comisión en el Seminario Teológico Bautista Southeastern. Dhati tiene siete hermosos hijos y está casado con Angie, una mujer con gran discernimiento, capaz de empoderalo y animarlo a vivir plenamente en su identidad en Cristo. Es el autor del estudio bíblico y del libro Among Wolves: Disciple Making in the City (En medio de lobos: cómo hacer discípulos en la ciudad).


Published noviembre 8, 2022

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Dhati Lewis

Dhati Lewis is President of Send Network for the North American Mission Board and Lead Pastor of Blueprint Church in Atlanta, Georgia. He earned his Master of Arts in Cross Cultural Ministry from Dallas Theological Seminary and most recently received his Doctorate of Ministry in Great Commission Mobilization from Southeastern Baptist Theological Seminary. Dhati has seven beautiful children and is married to Angie, a discerning woman who empowers and encourages him to live fully in his identity in Christ. He is the author of both the Bible Study and book, Among Wolves: Disciple Making in the City.