El pastorado y la plantación de iglesias traen un gozo profundo y una carga pesada, pero perder el ánimo no tiene que ser el precio. Aquí tienes cinco maneras de permanecer fiel, saludable y espiritualmente vivo a largo plazo.

En todo tiempo
El liderazgo, especialmente el liderazgo pastoral y la plantación de iglesias, es a la vez un privilegio sagrado y un peso profundo. Te invita a vivir momentos de gozo impresionante y dolor desgarrador, muchas veces en la misma semana y a veces en la misma conversación. Te da un lugar de primera fila para ver la gracia de Dios obrando en vidas quebrantadas, mientras al mismo tiempo te expone a la crítica, el malentendido, la soledad y decisiones que no te dejan dormir aun cuando la casa ya está en silencio.
Hay temporadas en las que liderar se siente emocionante. Y hay temporadas en las que se siente agotador, cuando el desánimo se instala, el cansancio se aferra a tu alma y en silencio, te preguntas cuánto tiempo más podrás seguir adelante.
No es “si”, sino “cuándo”
Así que la pregunta no es si los líderes enfrentarán presión y dificultad. La pregunta es esta: ¿Cómo lideramos sin perder el ánimo?
A continuación, comparto cinco convicciones que se han convertido en anclas para mí, lecciones prácticas, aprendidas con esfuerzo, que creo pueden ayudar a pastores y plantadores de iglesias a permanecer fieles, saludables y espiritualmente vibrantes a largo plazo.
- Lidera desde la intimidad, no desde la productividad
Todo lo que somos está directamente conectado con de quién somos. Sin embargo, el ministerio tiene una manera sutil de cambiar nuestro centro de gravedad, de la intimidad con Dios a la productividad para Dios. Empezamos a medir nuestra fidelidad por el rendimiento, los números, los resultados y el impacto visible.
A menudo me hago esta pregunta: Si Dios me dijera: “Está bien, eso es todo. No necesito que hagas nada más por Mí”, ¿estaría bien? ¿Seguiría sintiéndome seguro? ¿Amado? ¿Conocido?
Esa pregunta revela el por qué estoy viviendo.
Nuestro valor no se encuentra en lo que producimos, sino en a quién pertenecemos. Somos hijos antes que siervos. Amigos de Dios antes que obreros en Su viña. Cuando la intimidad es reemplazada por la actividad, el ministerio se convierte en una caminadora que nunca se detiene y, con el tiempo, aplasta el alma.
Liderar sin perder el ánimo significa volver, una y otra vez, a un lugar de comunión íntima y honesta con Dios, no para preparar sermones, resolver problemas o planificar estrategias, sino simplemente para estar con Él. Cuando la intimidad es prioridad, la productividad se convierte en fruto, no en un sustituto de la relación.
- Reconoce y acepta tus límites
La mayoría de nosotros estamos mucho más ocupados de lo que pensamos y estamos mucho más limitados de lo que queremos admitir.
Mientras crecía, pasé muchos veranos en Jamaica mientras mi familia viajaba de regreso a casa. La vida allá se movía a otro ritmo. La gente caminaba más despacio. Las conversaciones duraban más. La ansiedad parecía menor. Cada visita ofrecía un contraste fuerte con la cultura acelerada, sobrecargada e hiperproductiva a la que regresaba en Estados Unidos.
En el ministerio, a menudo escondemos nuestro exceso de actividad con lenguaje espiritual. Confundimos la inquietud con fidelidad y usamos el agotamiento como una medalla de honor. Pero la Escritura nunca celebra ignorar nuestros límites. Nuestros cuerpos son débiles, frágiles y finitos.
He notado un patrón doloroso en mi vida: casi cada vez que terminé en pecado, agotamiento o en un hoyo emocional profundo, estaba relacionado con empujarme más allá de mis límites que me lleva a recurrir a algo poco saludable para obtener el descanso que había rechazado.
Si no quieres perderte en el ministerio, debes conocer tus límites dentro del ministerio. Eso significa escuchar tu cuerpo, priorizar el sueño, practicar el descanso del día del Señor y cuidar tu salud física y emocional.
Lo aprendí de la manera difícil: una versión de mí sin descanso, desconectada espiritualmente, sobrecargada de trabajo y fácilmente irritable, no es un regalo para mi esposa, mis hijos, mi iglesia ni para nadie.
- Abraza el duelo en lugar de evitarlo
La Escritura describe a Jesús como “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3). Si eso fue cierto del Hijo de Dios sin pecado, ¡cuánto más será cierto de quienes lo siguen!
El ministerio trae duelo real; decepciones, traiciones, pérdidas, expectativas no cumplidas y temporadas en las que las oraciones parecen no tener respuesta. Aprender a vestirte de cilicio y ceniza no significa que tu fe sea débil o que seas menos espiritual. Significa que eres humano.
El líder que no aprende a procesar el duelo eventualmente se perderá en las olas del ministerio. Cuando el duelo se ignora o se reprime, no desaparece, se desborda por otros lados. Empezamos a protegernos, rodearnos de personas que siempre dicen “sí”, adormecernos con distracciones o buscar consuelos falsos.
El duelo no procesado crea vacíos dentro del corazón y el enemigo siempre está listo para llenar esos espacios que nos negamos a enfrentar.
Liderar sin perder el ánimo requiere el valor de bajar el ritmo, nombrar nuestro dolor y llevarlo honestamente delante de Dios y de las personas en quienes confiamos. El duelo, cuando se abraza y se procesa, se convierte en una puerta hacia una dependencia más profunda, ternura y madurez espiritual.
- Vive dentro del regalo de la comunidad
La comunidad dentro de la iglesia local no es opcional es parte del diseño de Dios. Él nos ha colocado a nosotros y a nuestras familias en medio de Su pueblo, y eso es un regalo sagrado. Pero los pastores y plantadores de iglesias también necesitan otra capa de comunidad.
Hay una gracia única en estar conectados con otros pastores y parejas plantadoras personas que entienden sin necesidad de explicaciones. Mi esposa y yo hemos vivido esto profundamente a través de Send Network. Cuando estamos con otros plantadores, no tenemos que traducir nuestra vida ni suavizar nuestras luchas. Es parecido a cuando los padres están con otros padres: hay una comprensión tácita. Presiones compartidas. Lenguaje compartido. Cargas compartidas.
El aislamiento es una de las condiciones más peligrosas para los líderes. Dios nunca nos diseñó para cargar el peso del ministerio solos. Hay sanidad, fortaleza y perspectiva que solo llegan cuando somos conocidos, apoyados y sostenidos en oración por otros que están caminando el mismo camino.
- Recuerda la gloria que nos espera
Pablo le dijo a la iglesia primitiva: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). El sufrimiento no es una interrupción del llamado, está entretejido dentro de él.
En otro lugar, Pablo escribe que nos recomendamos como ministros de Dios en perseverancia, aflicciones, noches sin dormir, hambre y dificultades pero siempre por el poder del Espíritu Santo y mediante un amor sincero. Hay un sufrimiento santo que acompaña el liderazgo en la primera línea. Estamos tristes, pero siempre gozosos.
Este llamado es una mayordomía que Cristo nos ha confiado. Y un día, en el tiempo señalado, volveremos a casa. Dejaremos la carga. Veremos con claridad. Y recibiremos una corona que no se marchita.
Al siervo fiel
Si hoy estás cansado, exhala. Suelta tus lágrimas. Dios te ve. Él no es indiferente a tu trabajo ni ciego a tu dolor. Sigue liderando sin perder el ánimo. Tu “bien hecho, buen siervo y fiel” viene en camino.
Published February 9, 2026